El desempleo de larga duración

PorPsicólogo Personal 5 añoshace
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El pasado mes de agosto nos llamaron particularmente la atención las declaraciones de Juan Ramón Cuadrado, Catedrático Emérito de Economía en la Universidad de Alcalá de Henares, quien afirmaba que de los aproximadamente cinco millones de personas sin empleo en nuestro país, “dos millones no volverán a ser contratados”. Tras los fríos dato que proporcionaba Cuadrado, que no entraremos a valorar en su vertiente económica, se esconde un profundo drama social. La franja de parados que oscila entre los 45 y 65 años, con más de dos años en busca de empleo, es con seguridad, una de las más amenazadas por un futuro inmediato sin ningún trabajo.

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Pero, ¿cuáles son las consecuencias psicológicas en los parados de larga duración, cuya edad se adscribe a esa peligrosa franja? En primer lugar, debemos tener en cuenta que el empleo, además de cumplir un objetivo inmediato como es el proporcionar sustento económico a un trabajador y su familia directa, en caso de tenerla, ejerce una función de carácter social en la persona. A través del trabajo, ampliamos nuestro círculo de amistades, generamos día tras día una serie de valiosas relaciones sociales. Hablamos, confraternizamos, nos relacionamos, en suma. Por otro lado, y dejando de lado las distintas problemáticas generadas en las relaciones laborales y que trataremos en artículos posteriores, el empleo es una importante fuente de autoestima. Por tanto, la ausencia de un empleo, y en añadidura, la falta de esperanza en encontrar un nuevo trabajo provocan una serie de problemas psicológicos, comenzando por el aislamiento social. En segundo lugar, el ataque a la autoestima puede llegar en determinados casos, a producir en el individuo depresiones, por lo que la falta de empleo no se ciñe simplemente al ámbito empresarial, sino que se trata de una problemática de mayor magnitud que trasciende el ámbito personal para instalarse en el corazón de la sociedad.

Ante un caso de paro prolongado resulta fundamental contar con el apoyo de la familia, comenzando por la propia pareja. Es fundamental evitar los reproches ante la falta de empleo, ejemplificados en los “Y a ti, ¿quién te va a contratar?” y similares, ya que resulta muy probable que transformen posteriormente en frases hirientes (“Tengo que mantenerte”) que sumirán con seguridad al parado en una espiral tendente hacia la depresión. La actitud correcta debe ser la de apoyo y comprensión. Nadie desea quedarse sin empleo y este hecho es el primero que debe entender la pareja y a continuación, la familia. Como hemos dicho anteriormente, la pérdida de empleo se traduce en muchos casos en la pérdida de un importante lazo social, al haberse convertido los compañeros y colegas en amigos con los que se sale a tomar una cerveza tras la jornada laboral y en muchos casos, quedar durante el fin de semana. Ante la pérdida de empleo, muchos afectados cortan por si mismo los lazos restantes, por temor a generar una sensación de lástima e incomodidad entre los antiguos compañeros y amigos. Ante esto, una simple llamada telefónica, o un café, pueden ser pequeños grandes detalles que ayuden al parado a no estar desconectado de la vida laboral.

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Por supuesto, una importante parte de la situación que vive un parado de larga duración parte de la propia actitud vital e iniciativa. Tras unos días en que, en primer lugar, se intenta comprender la nueva situación de desempleo, y más tarde, se valora el tiempo libre para llevar a cabo tareas y aficiones abandonadas, es importante comenzar una búsqueda activa de empleo, en la medida de lo posible dada la actual situación económica y empresarial de nuestro país. Del mismo modo, es un momento apto para renovar conocimientos e incluso, emprender ciertos negocios propios si se cuenta con el entusiasmo y un apoyo económico. Compaginar el ejercicio físico, en la medida de las posibilidades de cada persona, evitará situaciones incómodas que acaban transformándose en crónicas como el no salir de casa, que derivan, como hemos indicado anteriormente, en la pérdida de los lazos sociales.

En el caso de los parados de larga duración el trabajo psicológico radica en la recuperación de la autoestima perdida, la comprensión ante situaciones que se prolongan de una manera indefinida en el tiempo, la generación de un horizonte racionales de esperanza así como la puesta en valor de las cualidades del individuo. Combinada con una adecuada guía a cargo de un experto laboral, la salida al desempleo puede estar más cerca.

Querbe Giménez / María Jesús Huerta
www.psicologopersonal.com

Categorías:
  Ansiedad, miedos
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