Estados de la corrupción

PorPsicólogo Personal 5 añoshace
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La corrupción es en estos momentos, junto con el desempleo, la principal preocupación de los ciudadanos españoles, según distintos barómetros publicados en 2014. La sucesión y escalada continua de casos de corrupción presentes día tras día (“Y el imputado de hoy es…) en las portadas de los periódicos y telediarios. La percepción generalizada, acentuada por la situación de depresión económica que se vive en España es que se trata de un comportamiento generalizado que afecta a todos los niveles de las distintas instituciones que deberían tener un papel ejemplar en la vida pública.

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La reacción del ciudadano de a pie que lee y escucha de forma cotidiana esta sucesión de escándalos, ante los que parece no haber freno escala distintos grados. Desde la sorpresa o falta de entendimiento hasta la sensación de sentirse atropellado o estafado. La consecuencia suele ser la misma: rabia e ira, aunque en este caso puede que sí encontremos una sólida justificación. El ciudadano también tiene la sensación de que la ley, o no se aplica o se aplica con distinta vara de medir según la importancia de los acusados. Estos sentimientos, a la larga, por un lado son perjudiciales para el conjunto de la sociedad ya que dinamitan la confianza en las instituciones que deberían velar por un reparto equitativo de derechos y obligaciones, aunque por otro lado, generan una reacción que pone en guardia a los poderes y que puede devenir en una regeneración, beneficiosa para la sociedad. En última instancia, debemos evitar adoptar actitudes individuales lindantes con el engaño o el fraude amparados bajo un falso paraguas de que estas actitudes parecen instaladas en los más profundo de la sociedad. Estas actuaciones tan sólo servirían para empobrecer, todavía más, la menguante economía de nuestra sociedad.

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Ante estos sentimientos, una respuesta racionales es la de saber que existe un sistema legal encargado de limpiar estas actitudes y que de momento, salvo en el uso de las urnas, no está en nuestra mano el intervenir de manera directa en este aspecto. Por tanto, es aconsejable centrarse en el trabajo diario, en caso de todavía mantenerlo y a través de él, tratar de aportar, en nuestra medida, nuestro grano de arena a la hora de conseguir una sociedad más justa.

Querube Giménez / Mª Jesús Huerta
www.psicologopersonal.com

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